Cuando el carbón humano habló

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




Tú… Sí, tú… No hay ninguna exposición aquí, tampoco función… Nosotros los carbones humanos no somos pinturas. Ya sé, ya sé que lo presentaron así para que nos pusieran aquí. Somos heridas sobre la madera. El carbón y el papel… los dos son madera. Ella soporta encima de sí la memoria… Silencio. Aquel pasado muerto que vive en el futuro. Y es que la madera está muerta y viva. Es como nosotros… los supervivientes… Como los que la destrucción sistemática del genocidio no logró erradicar. Somos los muertos que hablan. Somos los vivos que guardan silencio. Somos los que no deberían haber existido. Nacimos inocentes y morimos inocentes porque no “nos” llegaron a tiempo. Somos cuestión de tiempo. No sé si Dios estaba con nosotros o si Él estaba también solo pero el tiempo está de nuestra parte. Y ahora tenemos a los Justos en la parte de Humanidad que no puede olvidarnos. ¿Acaso eres tú también Justo? Mírame más atentamente. Siéntate un poco frente a mí para que pueda verte… Tus ojos… están mojados…Lo veo...no trates de ocultarlo… tus manos no detienen las lágrimas…simplemente se mojan también. Acércate… Tiempo. Quiero contarte mi historia… ¿La recordarás? Tiempo. No sabes todavía… No importa, tú no eres un monstruo… Pues vengo, hombre, de donde el color de la piel es el mismo que el de la tierra. No sabes de mi tierra. Silencio. Pocos saben… No te preocupes. Lo que me importa es que tú pertenezcas ya a ellos… De lo contrario, ¿quién hablará de los crímenes contra la humanidad? Luego eres testigo… Puede que te hagas Justo después… Depende de cuánto dolor soportas… Si tienes Maestro, te enseñará… si no, darás con él… ¿Me entiendes? Sólo él te puede enseñar cómo vernos. Yo sólo te muestro cómo mirarnos… Mi historia comenzó así.







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