Penalización y Derechos Humanos

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou






En Grecia y Chipre tenemos la tendencia a criticar a estados extranjeros por no apoyar nuestras luchas. Una de ellas es el reconocimiento del genocidio de los griegos pónticos, que es una realidad sólo en Grecia, en Chipre y en Suecia, aunque también existe en algunos estados de EE.UU. Por otro lado, acusamos sistemáticamente al estado griego por no producir una obra compatible con los esfuerzos para el reconocimiento. Incluso en el caso de que todos estos argumentos pudieran sostenerse, el verdadero problema no está aquí. La esencia del reconocimiento del genocidio de los pónticos es el proceso de enmienda. A este proceso es al que pertenece el reconocimiento, como primera fase y no como resultado final. Si realmente creemos, como Helenismo, que debemos promover a otros estados la cuestión del reconocimiento del genocidio de los pónticos, existe entonces solución. Su nombre es la penalización del no-reconocimiento, la cual es la segunda fase de todo el proceso. La cuestión que plantea la penalización es sencilla. ¿Desean la segunda fase los que promueven el reconocimiento? ¿O simplemente la promueven dado que sigue siendo un problema teórico dentro del marco jurídico? El reconocimiento, aunque importante, es simbólico y carece de repercusiones prácticas. Nuestra lucha por el genocidio de los armenios ha demostrado que la diferencia está en el tema de la penalización. El profundo estado de Turquía no presenta problema con el reconocimiento, si a él no sigue la penalización, porque es consciente de su carácter meramente simbólico. Lo mismo ocurre con algunos otros que promueven el reconocimiento oficialmente, pero no porque respeten el genocidio de los pónticos. Para ellos se trata sencillamente de un argumento que sirve a sus intereses. El reconocimiento real se logra institucionalmente sólo con la penalización. Esto es bien conocido entre los manifestantes turcos que trataron de destruir en Lyon el monumento dedicado al genocidio de los armenios. Porque no hay ninguna ley que les impida hacerlo. La penalización es lo único que en la práctica protege los derechos humanos, mientras que el reconocimiento se ha degradado y reducido a argumento preelectoral. Los reales luchadores de la paz tienen que basarse en la penalización. Sólo a través de ella podemos presionar sustancialmente al régimen militar de Turquía. Todos los demás argumentos son trucos de politiquería. Y en cuanto a la penalización, no tenemos nada que imponer a los estados extranjeros. Simplemente a través de nuestro trabajo en Grecia y Chipre mostramos el ejemplo de la ética y los derechos humanos. En nuestra lucha por la penalización del no-reconocimiento del genocidio de los armenios reconocimos rápidamente a los verdaderos combatientes. Lo mismo ha de tener lugar en Grecia y en Chipre. Sólo de esta manera persuadiremos a los nuestros, así como a los extranjeros, de que la cuestión póntica no es un truco de politiquería o, más claramente aun, una broma.







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