Penalización y Derechos Humanos

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




El tema general del reconocimiento de un genocidio enriquece el campo de los Derechos Humanos. La razón es simple. El concepto del genocidio es legalmente abstracto. Esto significa que mientras el enfoque simplista del genocidio es obvio, rara vez conocemos los criterios a nivel internacional. Por sí misma esta razón provoca problemas de comprensión a los que no son especialistas que generalizan arbitrariamente el marco o lo aíslan para que funcione según sus criterios.

El reconocimiento del genocidio no es un objetivo por sí mismo. Pertenece a un proceso judicial complejo y complicado. Así que es sólo la primera fase de una estrategia que está a favor de la víctima y en contra el verdugo, ya que el genocidio es un crimen contra la Humanidad. Por consiguiente, la víctima es la propia Humanidad aun cuando esto se expresa sólo por una parte de su población. Por desgracia, esta general figura mental no es ni tampoco se hace comprensible a todos. Además, todos y cada uno de nosotros tenemos reflejos raciales que nos impiden ver la estructura completa de un proceso que integra el reconocimiento y la penalización. Esta última es la continuación judicial normal del reconocimiento y no constituye una excepción a los hechos legales. Dado que es más fuerte, ya que se basa en el reconocimiento, provoca por parte de los medios de comunicación más reacciones. Sin embargo, estas reacciones son pretextos. Se crean con el pretexto de proteger la libertad de expresión, pero en realidad violan los derechos humanos básicos. Y eso lo saben muy bien los especialistas de los Derechos Humanos debido al uso “sofisticado” de parte de los fanáticos del olvido, quienes ni siquiera reconocen el concepto de genocidio. Su argumento es simple. Puede que haya ley para el reconocimiento del genocidio pero, puesto que no existe ley que penalice el delito del no reconocimiento, fácilmente pueden atacar a las personas que lo reivindican. En este marco se da una batalla pacífica donde los indiferentes no ayudan a las víctimas. Sus reflejos ideológicos ponen obstáculos a todo el proceso.

En Grecia la cuestión del reconocimiento del genocidio póntico está todavía en el principio y podemos imaginar desde ahora los problemas que serán provocados por la penalización cuando lleguemos a este paso. Nuestros conocimientos en el campo de los Derechos Humanos son mínimos y por esta razón no utilizamos eficazmente el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos y no hemos hecho todavía apelaciones masivas. Pero cuando llegue este momento deberemos haber pensado desde antes nuestra postura ante otros genocidios. Porque la táctica de la propaganda turca es simple. Golpeará cada punto débil de nuestra estrategia. Como consecuencia tenemos que activar un marco aliado que desarmará desde el principio esta táctica y eso pasa sólo de una manera.







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