Dos genocidios, una táctica

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou




La cuestión del reconocimiento de la Republica Chipriota ya no es formal. Es claramente indicativo de la misma barbarie que viola constantemente los derechos humanos. Muchos se han olvidado del genocidio de los armenios y los griegos pónticos, pero ahora tienen que admitir que la táctica de Turquía sigue siendo la misma, incluso respecto a temas técnicos y oficiales que son evidentes para todos los estados y especialmente para los estados miembros de la Unión Europea. Muchos, debido a la ignorancia o a la diplomacia, aíslan los hechos para que no se transformen en elementos de acusación. Mientras que, en realidad, el estado profundo siempre tiene el mismo objetivo: la distinción del elemento turco a través del exterminio de todos los pueblos que obstaculizan este objetivo. Puede que parezca paradójico, pero tenemos que destacarlo. Este objetivo está directamente relacionado con la cultura o, para utilizar una terminología más precisa, con la falta de cultura. Si comprendemos esta condición principal, podemos entonces darnos cuenta de la táctica turca. A medida que el estado profundo no puede destacar el elemento turco a través de la cultura, especialmente cuando esta se compara a las creadas por los armenios, los griegos, los kurdos, etc., este ha decidido aniquilar los pueblos de estas culturas a fin de superar el complejo de inferioridad. No es casual el nombre de la invasión de Chipre. Aunque oficialmente el ejército turco quería proteger a sus hermanos, el código del ataque llevaba el simbólico nombre de Atila, el cual se relaciona con la fama de que la hierba no crecía de nuevo tras su paso. La misma idea explica por qué las casas en el pueblo maronítico “Asómatos” fueron arrancadas incluso de sus cimientos para colocar una enorme estatua de Kemal. Diacrónicamente cada régimen de Turquía trata de diferenciarse oficialmente del anterior con respecto a las barbaridades que ha cometido; sin embargo, en esencia, sigue con el mismo objetivo a su propia manera. La táctica turca es intransigente, dado que no ha sufrido coste para su barbarie no sólo contra los pueblos oprimidos sino contra toda la Humanidad. Y ahora otra vez trata de persuadir a la Unión Europea entera de que no tiene nada que ver con la Turquía de los años anteriores, mientras que con la cuestión del reconocimiento de la Republica Chipriota anula ella misma sus propios argumentos. Y lo mismo puede decirse sobre el reconocimiento del genocidio de los armenios y de los griegos pónticos. Incluso si analizamos solamente los hechos reconocidos oficialmente, Turquía ha cometido dos genocidios con la misma táctica sin ningún costo, como lo demuestra la situación en Imvros, Tenedos y Chipre. Ahora la pregunta para la comunidad internacional es la de si tiene que esperar el genocidio de los kurdos también para darse cuenta de que Turquía no constituye un estado de derecho sino una barbarie que aparenta ser estado.







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